MEMORIAS DE CUARENTENA
MEMORIAS DE CUARENTENA
Introducción:
El 31 de diciembre de 2019, gran parte del mundo se enteró de la presencia de un nuevo virus. Este mefítico ser hizo su estruendosa aparición en Wuhan (China).
Desde el inicio de la humanidad, los seres humanos hemos asignado un nombre para todo lo que nos rodea. Este atípico microorganismo necesitaba un nombre. "Tenemos un nombre para la nueva enfermedad: es covid-19", dijo el director de la OMS, Tedros Adhanom. Varias personas anónimas, también querían darle un nombre al nuevo virus, decidieron denominaron: “Gripe china”.
Hoy para muchos (6/08/2020) la nueva enfermedad significa: soledad, pobreza, vacaciones, corrupción, aburrimiento, pérdida de trabajo, oportunidades......etc.
Cuánto quisiéramos tener entre nosotros al doctor Bernard Reiux para que invente la vacuna y después de tantos estragos causados por este intruso, podamos volver a ser felices, aunque claro antes de la llegada de esta plaga muchos no lo eran.
Cuando te conocí...
<<La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida, hay Dios…>> sonaba la clásica canción de Ruben Blades en el radiorreceptor. Las mañanas en Ironcollo(Cochabamba)son calurosas. El sol se encarga de tostar tu piel y hacer del día una modorra. Esperar que del cielo llegue una brisa fresca, es un proceso tedioso y hasta estúpido. Hay una magia ignota en este lugar, que me atrae y me gusta. El cemento, aún no llega a dominar este hermoso paraje. La naturaleza vive en su libre albedrío. Crece indómita. Mientras que en la ciudad lo anormal es ver árboles crecer libremente entre tantos edificios, aquí lo raro es ver a personas construyendo casas entre tanta vegetación.
La mayoría de las casas son de una construcción muy rústica, las tapias no sobrepasan los 1.50 metros de altura. Las calles son de tierra, excepto la vía principal que conecta todas las urbanizaciones con la plaza Bolívar.
Me senté sobre la tarima; extenuado. Para distraerme, cogí el periódico Opinión que estaba sobre la mesa a lado de una jarra. Leía rápidamente los fragmentos de las noticias más importantes del día. Escrito en una nota corta en la sección “Curiosidades” del periódico decía: Descubrieron nuevo virus en China, cuando leí la nota era 7 de enero de 2020. Y ahí te conocí maldito....... coronavirus.
El “intruso” llegó en avión a América Latina
El 26 de febrero de 2020 en São Paulo (Brasil) se confirmó el primer caso positivo por covid-19. Se trataba de un varón de 61 años que viajó en avión desde Italia hasta Brasil.
La llegada del coronavirus a Perú
El 6 de marzo de 2020, el presidente de la Republica Martin Vizcarra, lamentablemente, en conferencia de prensa, declaró: “Hoy debo informar que en horas de la madrugada se ha confirmado el primer caso de infección por coronavirus (COVID-19) en nuestro país, en un paciente varón de 25 años con antecedentes de haber estado en España, Francia y República Checa".
A través de la <<caja boba>> veía los aciagos y lúgubres momentos que pasaban los países europeos por culpa de esta nueva plaga. Italia y España se habían convertido en el epicentro mundial de la pandemia.
—¿Crees que ocurra lo mismo, aquí? —le pregunté tontamente a mi papá.
—Claro que va a pasar lo mismo, solo que será peor—me respondió papá con la voz hecha pedazos. Quizás pierda mi trabajo, Maycol (el tiempo le dio la razón).
¿Qué es el Estado de Emergencia?
El 15 de marzo de 2020, en un mensaje histórico a la nación el presidente de la República Martin Vizcarra, declaró el estado de emergencia nacional por 15 días para evitar la propagación del covid-19. También anunció una serie de medidas extraordinarias, empezando por el aislamiento social obligatorio a nivel nacional.
Después de escuchar el mensaje, un júbilo interno cundía en mi ser; me imaginaba la postergación de las clases de la universidad, me veía disfrutando esos quince largos días recostado en el diván de la sala haciendo naderías. De pronto una pregunta, me sacó de mi viaje futurista.
—¿Qué es el estado de emergencia? —preguntó mi hermano.
—Es un régimen de excepción que el gobierno dicta en situaciones excepcionales, como la que atravesamos, en el cual se suspenden ciertos derechos que todos tenemos como ciudadanos—le explique.
—¡Ahh!, ¡Era eso! —me respondió. Abrió su boca y soltó un largo bostezo.
Después de esta breve interrupción seguí fantaseando con los días ulteriores.
Familia unida
El aislamiento social obligatorio, me permitió conocer mejor a mis progenitores. Los primeros días fueron estrambóticos. Un hombre de un metro, sesenta y cinco de altura empezó a habitar la casa. Con una barriga extravagante que amenazaba con explotar como una bomba molotov. Tenía un bigote que parecía un rastrillo. Su sonrisa mostraba unos dientes blancos y bien cuidados. Ese hombre, era mi papá. Hasta esa fecha, eran pocas las veces en las que veía al ser que me dio la vida dentro de la casa. Al comienzo del aislamiento las conversaciones no pasaban de monosílabos. Después de una semana y gracias a los “juegos de mesa” empezamos a congraciar.
Con mi progenitora la relación siempre marchaba bien. Los 15 días sirvieron para comprender la importancia de la limpieza y entendí porque “mi viejita” renegaba cuando no lavaba los platos o cuando no jalaba la cadena del baño.
Mi hermano nos dio una gran noticia, cuando durante la cena familiar, anunció que: al ver a la familia tan unida, algo dentro de él había cambiado y que, ese nuevo cambio le inspiró para querer postular a la universidad (cosa que nunca estuvo dentro de sus planes a futuro). Papá, mamá y yo pensábamos que era una gracejada; elaborada con la intención de conseguir algo a cambio. Pero no fue así, al día siguiente lo veíamos estudiar y así continúa hasta la actualidad.
Papá, pierde el trabajo
20/05/2020
Es triste tener que escribir esto. Pero, mi papá perdió su trabajo, fue despedido como miles de trabajadores en el Perú. La barba invadía su rostro, había perdido peso y el brillo de sus ojos había desaparecido. Estaba desahuciado. Entraba en una etapa de depresión severa. Las discusiones entre mi papá y mi mamá empezaron a ser cotidianas. La bonhomía con la cual nos trataba desapareció súbitamente. Se convirtió en un ser cáustico y parco.
—Voy a viajar a Cusco—me dijo—me ofrecieron trabajo como ayudante de chacra. Te quedas a cargo de todo. Tienes que estudiar hijo, si no, acabarás como yo.
Esas palabras hicieron eco en mi mente, sabía que mi papá no había acabado de estudiar su carrera técnica, porque no tuvo dinero suficiente para pagar las mensualidades del instituto. Entonces al no tener una fuente de ingresos, dejó el estudio y empezó a trabajar. Consiguió empleos temporales, mal remunerados. Cuando se enteró que sus papás fallecieron en un accidente de tránsito, mientras se dirigían a su ciudad natal Quillabamba (Cusco), su vida empezó a ir en desmedro. Dejo el mandil blanco; uniforme de trabajo, que usaba para trabajar en la carnicería. Lo cambió por una chaqueta de cuero negra y empezó a frecuentar los bulines y los bares de la ciudad.
Cuenta la leyenda, que mi mamá, una lúgubre noche vio a un hombre agonizando en el escaño de un parque; ubicado cerca del centro de la ciudad. El pobre hombre era mi papá. Había ingerido licor durante 3 días seguidos. Mi mamá decidió ayudarlo llevándolo al hospital. —Si no lo llevaba, se moría de hipotermia—me contó mi madre, una noche en la que esperábamos ansiosos los resultados de la página web del Estado peruano para saber si éramos acreedores al bono de 380 soles, que el gobierno otorgaba a las personas de escasos recursos. Cuando la página arrojó los resultados, nos llevamos una gran desilusión; no estábamos dentro de la lista para cobrar el bono.
Mamá la comida está rancia
24/07/2020
—Mamá, ¡La comida está rancia! —grite.
—¡Y que quieres que haga!, ¡Dame dinero, para que cocine algo mejor!, ¡Idiota! —respondió enfurecida.
El comentario sobre la comida había sido hiriente. Los fideos seguían flotando sobre la sopa, que expulsaba un vapor delicuescente. Pero, no solo la maldita sopa, estaba rancia. ¡Todo estaba rancio!
Desde que papá perdió el empleo las cosas han perdido su color, su brillo, su belleza. ¡Nada está bien!
Pero, sabía que mi comentario provenía de un ser egoísta. Solo pensaba en mi bienestar. ¿Y, qué hay de mi madre? Yo sabía que la pasaba mal. Ella sacaba los alimentos de una bolsa vacía, de la misma forma en la que un mago saca conejos de un sombrero. Ella seguía esbozando sonrisas, pese a que mi papá, ni siquiera, manda un maldito céntimo.
Monotonía
Abro los ojos, a mi alrededor solo hay objetos borrosos. Cierro mis ojos, en mi mente solo hay oscuridad y en mi corazón; llagas que quizás el tiempo pueda curar. Vuelvo a abrir mis ojos, esta vez los objetos adquieren nitidez. Se, que es momento de dejar esa excelsa vida que transcurre por mis sueños para pasar a una vida monótona y plana. Sacudo tenuemente mi cabeza de derecha a izquierda. En mi mente sucede toda una revolución. Esa revolución es la encargada de darme energía necesaria para hacer la rutina habitual.
Una incógnita invade mis pensamientos: ¿Será el mundo ancho y ajeno?
3D
Cuando recorrí las cortinas, la escena que vi a través de la ventana, me dejó atónito. En la acera de enfrente, un hombre tirado sobre el suelo, languidecía. Con el brazo derecho se daba ligeros golpecitos en el pecho, mientras que con el brazo izquierdo intentaba aferrarse a algo… quizás a la vida. Súbitamente un montón de cabezas empezaron a aparecer, ya sea en las terrazas de las casas o a través de las ventanas. Éramos cómplices del asesino invisible(covid-19).
Puse la mano sobre mi frente y suspire. El silencio de la casa, me perturbaba. No sabía exactamente en qué forma podía coadyuvar a aquel hombre. Minutos después, el hombre dejó de contornear su cuerpo y se convirtió en una estatua de piedra, falleció.
El occiso permaneció en la acera como parte del paisaje. Luego de 5 horas, un grupo de hombres con trajes blancos; parecidos al uniforme de los astronautas , y de aspecto tétrico, lo subieron a una camioneta y se lo llevaron.
Actualidad
Han pasado más de 100 días desde el inicio del estado de emergencia, las cosas no han mejorado. Las 4 paredes de mi cuarto son testigos de mi sufrimiento. He dejado de decir sandeces al momento de comer. Ahora sueño junto a mi madre con un futuro mejor y comprendo su situación y es por esa razón que le doy mi apoyo.
Mi ciudad natal, Arequipa, reporta más de mil casos positivos de covid-19 por día, los hospitales colapsaron. Muchos pacientes esperan por una cama UCI, a las afueras del Hospital Honorio Delgado.
Hay una incesante suma de contagios diarios en Arequipa, la falta de camas UCI y los balones de oxígeno no son asequibles para todos y encima hay una carestía de los mismos. Las infraestructuras de hospitales: precarias y arcaicas, colapsaron. La corrupción dentro del gobierno es el pan de cada día. Las personas fenecen en las calles. El personal de salud es escaso y trabaja en condiciones paupérrimas y exponiendo su salud. Estos son muchos de los muchos problemas por los cuales atraviesa mi querida ciudad blanca, mi querido país, y el mundo entero.
Todas las tardes mi mamá y yo nos sentamos en el diván de la sala esperando una llamada de mi padre.
—No debe haber señal por esas chacras, donde tu padre fue a trabajar—dice mi madre—por eso no llama tu papá.
—Si, eso debe ser mamá...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarSiempre después de la marea viene la calma, esperemos que al próximo año se solucione y podramos volver a clases presenciales, al menos de manera parcial.
ResponderEliminarMe gustó tu post me transmitió alegria y tristeza
ResponderEliminar